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SHIVAISMO TÁNTRICO DE CACHEMIRA

 

Om shri Ganeshaya namaha!!!

Om shri Gurubhyo namaha!!!

Om namah Shivaya!!!


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TANTRA – 

PRÁCTICA, HISTORIA, REQUISITOS...

Barcelona marzo 2011

El Tantra se define como un sistema filosófico espiritual heterodoxo, apartado del hinduismo clásico, que llegó a su momento de máximo esplendor en el siglo 10, predominado en Bengala y en las regiones orientales de la India. En la formación de este sistema intervinieron tres tipos de influencias: la védica, la autóctona (de origen pre-ario) y la alóctona (técnicas chamanicas de otros lugares de Asia, probablemente China).

 

El Tantra aparece paralelamente a los seis sistemas filosóficos ortodoxos o darshana – Mimamsa, Vedanta, Nyaya, Vaisheshika, Sankhya y Yoga.
Todo hace suponer que este sistema es bastante más antiguo de lo que sus textos escritos permiten imaginar.

 

El Tantra realmente incluye toda una variedad de sistemas diferentes, en dos ramas principales: la hinduista y la budista.
Existen 5 corrientes mayores de la rama hinduista del Tantra según divinidad principal de adoración: Shiva, Shakti, Vishnu, Ganesha y Surya.

 

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mandala trika

 

SHIVAPURANA.

ARDHANARISHVARA STOTRA


¡ Gloria a Ishvara, gran dios de espléndidos atributos, gloria!

 

¡ Gloria a la hermosa diosa que es la naturaleza y lo que está más allá de ella!

 

Gloria al dios de la ilusión, del deseo y de la fuerza!

 

¡ Gloria a la diosa que es el universo y al dios que es su creador!

 

Gloria al dios de la prosperidad eterna, de la forma eterna y la eterna devoción!

 

Gloria a la diosa creadora, protectora y aniquiladora de las criaturas!

 

Gloria al que hace expandirse al universo, al dios cuya terrible mirada es un fuego que destruye los mundos!

 

Gloria a la diosa incomprensible para dioses y hombre, la que es la fuerza del alma, la que permea los seres móviles y los inmóviles!

 

Gloria al dios que funde en uno los diversos principios del universo y cuyos seguidores han vencido a los demonios!

 

Gloria a la diosa protectora que elimina el árbol venenoso de la existencia mundana!

 

¡ Gloria al dios benefactor, hábil y heroico que está más allá del universo y que deja sin fuerza a sus enemigos!

 

Gloria a la diosa que posee el conocimiento de los cinco principios vitales!

 

¡ Gloria al dios sanador por excelencia, que acaba con el sufrimiento de la existencia mundana!

 

¡ Gloria a la diosa que ilumina con su luz los piélagos de oscuridad!

 

¡ Gloria al dios que sometió a las tres ciudades demoníacas, el omnisciente!

 

¡ Gloria a la diosa que ilumina a todos, la de miembros divinos, otorgadora de deseos, gloria!

 

Me inclino ante Shiva y Parvati, santificadores de los seres vivos en todo el universo, la pareja primordial y sempiterna.

 

El hinduismo no tiene un fundador, ni origen histórico conocido, ni iglesia, ni autoridad central…

Son sus conceptos filosóficos, símbolos, mitos, tradición, practica espiritual y culto los que unen a sus seguidores y lo distinguen de cualquier otra fe o creencia.
Y entre estos principios unificadores, cuyas raices se pierden en el tiempo, destaca por su fuerza y perduración el del dios Shiva, pues el Shivaismo es la tradición espiritual aun viva más antigua del mundo (más de 8000 años).

 

La oración más destacada de toda la tradición shivaíta es el mantra OM NAMAH SHIVAYA, que significa “Adoración a Shiva”.  Se le denomina el Mahamantra, es el nombre más sagrado de Shiva, tal y como se considera en los Agama – los textos principales del shivaismo.

 

Esta oración está dotada de un enorme poder a la hora de eliminar la ignorancia y hacer ver las verdades últimas de la tradición.

 

Es interesante destacar la elaboración de oraciones al dios hechas por filósofos y santos del shivaísmo, que mostraban así el aspecto devoto de sus creencias. El filósofo-reformador, santo y fundador de la escuela shivaita Advaita Vedanta Shankara compuso muchas de éstas oraciones. La que glosa el mantra “NAMAH SHIVAYA” es una de las más representativas.

 

“Me postro ante el término imperecedero “NA” de la oración al gran Maheshvara, aquél cuyo cuello sostiene a las serpientes, que tiene tres ojos, cuyo cuerpo está cubierto de cenizas y quien lleva el cielo como vestido.

 

Me postro ante el término imprecedero “MAH” de la oración al dios Shiva, el que cabalga en el toro Nandi, dios de las fuerzas de la destrucción, cuyo cuerpo se halla cubierto de pasta de sándalo y humedecido por las aguas del Ganges, aquél a quien se venera con flores de coral.

 

Me postro ante el término imprecedero “SHI” de la oración al dios de la garganta azul, el auspicioso, el sol verdadero que hace resplandecer el bello rostro de Parvati, el desctructor del sacrificio de Daksha, aquél que lleva al toro como símbolo y emblema.

 

Me postro ante el término imprecedero “VA” de la oración al dios Shiva, cuya frente ha sido objeto de la veneración de Vasishtha, Agastya, Gautama y otros sabios y dioses y cuyos ojos son la luna, el sol y el fuego.

 

Me postro ante el término imprecedero “YA” de la oración al gran dios, que ha tomado la forma de los seres divinos, el que tiene el pelo trenzado y porta el arco invencible, aquél que es el Hombre Primigenio.

 

Aquél que cante este himno de las cinco sílabas junto a una de las imágenes del dios, vivirá en la morada de Shiva y gozará eternamente de su compañía”.

 

La fórmula ON NAMAH SHIVAYA suele escribirse durante períodos de tiempo determinados (media hora), observando silencio y concentrandose en la deidad, lo que se supone que produce unos efectos meritorios inmediatos.

 

La repetición de este mantra puede hacerse en cualquier lengua.

Entre los siglos 8 y 9 la region de Kashmira (Cachemira, norte de la India) se convirtió en un foco filosófico de mucha importancia, con dos vertientes shivaítas: la monista y la dualista. La tradición dualista aceptaba la ortodoxia védica, mientras que la rama monista no lo hacia. Esta última dio lugar a lo que hoy se conoce como Shivaismo de Cachemira. No es un sistema de pensamiento homogéneo, sino que incluye multitud de corrientes y, pese a su nombre, no estuvo limitado a esa región.

 

El origen del sitema se halla en el Shivasutra, obra atribuida al maestro Vasugupta, que vivió entre los siglos 8 y 9, en Cachemira. Es un tratado de Yoga shivaita, con setenta y siete aforismos que, según la tradición, Vasugupta encontró tallados en una cueva en el monte Mahadeva.
En este tratado se dice que el ser individual, el cosmos y Shiva son una misma Consciencia Divina. De esta obra se originan las interpretaciones monistas del Tantra, que caracterizan estas corrientes. Todas tienen cierto componente tántrico y exaltación de la shakti, asi como énfasis en el conocimiento.

 

En cuanto a la práctica, los shivaitas cachemiris rechazan los Vedas, por considerarlos superados. No hacen distinciones de sexo, casta ni siquiera creencia, pues consideran que cualquier forma de devoción es válida, siendo así una de las tradiciónes espirituales más abiertas que se conocen.

 

El Shivaismo tántrico de Cachemira merece un lugar aparte dentro del Shivaismo en general. Siendo tan decididamente no-dualista como el Vedanta Shankariano, lo iguala en la profundidad de sus puntos de vista, pero lo sobrepasa en la libertad de espíritu, proponiendo además métodos de yoga originales y a veces desconcertantes. Su nombre genérico es Trika, «tríada». Puede entenderse por ello las tres energías de Shiva: voluntad, conocimiento y actividad; o bien el propio Shiva, su Shakti y el individuo limitado; o bien el triple nivel de la experiencia psicológica: el sujeto conocedor, el conocimiento, y el objeto conocido; o también los tres caminos de retorno hacia lo Absoluto: la vía divina, la vía de la energía y la vía del individuo.
Este Shivaismo del Norte Se divide en general en cuatro corrientes principales que, por otra parte, no se excluyen mutuamente ya que los mismos autores han podido escribir obras inspirándose en cualquiera de estas corrientes. Cada tradición posee su propia literatura, haciendo referencia además a los Ágamas comunes, ya sean los que se veneran en el sur, o –más frecuente– los tratados monistas específicos como el Vijñâna Bhairava, el Mâlinî-vijaya, el Rudra-yâmala y el Parâ-trimsikâ.

1.- La escuela Spanda o Trika.

En el sentido estricto del término, aparece a comienzos del siglo IX. Se apoya esencialmente en los Shiva-Sûtra, 77 versos sánscritos considerados como revelados por el propio Shiva, y en el Spanda-Kârikâ. Al igual que todas las demás escuelas de Cachemira, está dominada por el impresionante genio de Abhinavagupta (950-1025 aprox.), autor de comentarios sobre los diversos sistemas shivaitas, de obras originales como el Tantrâloka (Luz de los Tantras), especie de enciclopedia de las doctrinas y  procedimientos tántricos, y también de trabajos famosos sobre lengua y estética.
Spanda significa «vibración». Para los seguidores de la escuela Trika, en efecto, la puesta en movimiento de la producción cósmica es un acto vibrante del Ser supremo y de su Energía. Esta ebullición creadora, esta conmoción original, idéntica al aliento de vida (prâna), debe de ser encontrado en el centro único de la consciencia, el «Corazón». Se preconizan sin duda métodos progresivos, pero lo esencial está definido como un «impulso» o un «salto», una adhesión súbita a lo Real que transciende completamente la división entre conocedor y conocido, y permite al yogui ver el universo entero como su propio «cuerpo» o como la expansión de su propia energía. Mientras se siga la vía inferior, la del esfuerzo individual orientada hacia un solo objetivo (lo que representa evidentemente un progreso con relación a la actividad dispersa del común de los hombres), no disfrutará más que de un apaciguamiento o de una iluminación relativa, fugaz, según la mayor o menor intensidad de su atención. En la vía media, la de la energía, la potencia evocadora de la imaginación, el conocimiento de las impresiones subjetivas, emociones violentas, adoración intensa, amor, cólera, o el dominio de ciertos dinamismos ocultos (por medio de los mantras) le proporcionan una iluminación pasajera, todavía dependiente del mundo fenoménico. La vía superior o divina, se caracteriza por una ausencia total de apoyo, de esfuerzo, de recurso a cualquier objeto del tipo que sea. Esta vía es inmediata, fulgurante, desprovista de duda y de elección. Su signo es el asombro. Y solo puede entrar ahí el «rey de los yoguis» (yogîndra), cuyo pensamiento ya no se apega más a nada, ni siquiera a una Persona divina. Este estado más allá de todos los estados es llamado igualmente «vacuidad» (sûnyata), no en el sentido de irrealidad o de relatividad universal como entre los budistas Mâdhyamika (con los cuales los shivaitas de Cachemira tuvieron durante largo tiempo un contacto afable), sino en el sentido de Consciencia absoluta, vacía de objetos, indiferenciada, energía fundamentalmente libre (svâtantrya-sakti).
Por encima de esta metafísica lo más admirable es la extraordinaria riqueza y audacia de los medios desplegados para llegar a la Liberación. El célebre Vijñâna Bhairava describe así 112 «aperturas» (mukta) hacia el estado supremo, pudiendo incluir cada técnica a su vez variantes o aplicaciones matizadas. Muchas de las instrucciones favorecen naturalmente la vacuidad (vacuidad corporal o mental, o contemplación de espacios vacíos, de intervalos entre los objetos, entre los alientos, entre los pensamientos, investigación agudizada de los «intersticios») pero otros ponen en juego una intensa energía, una «efervescencia» que apunta a una especie de disolución o de volatilización del ego por la pérdida de todo soporte o referencia: experiencia de terror o de angustia, agotamiento físico, dolor provocado, sueño lúcido, emociones estéticas, goces sensuales o afectivos, frustraciones intencionadas, juegos de memoria, actos tan triviales como un estornudo, etc. El menor acontecimiento cotidiano, el menor movimiento pasional cogido en el momento, en su «vibración» inicial o bien en su finalización, su reabsorción, puede de esa manera llegar a ser una ocasión deDespertar. «Si uno consigue inmovilizar el intelecto mientras se es presa del deseo, la cólera, la avidez, la desorientación, el orgullo, de los celos, la Realidad que sostiene esos estados, subsiste sola»(VB 78).
De entre las 112 «aperturas» unas pertenecen a la «vía del individuo» otras a la «vía de la energía» otras a la «vía de Shiva» y otras, comenzando la propuesta en un nivel inferior o intermedio, acaban por desembocar en la Vía Suprema del reconocimiento de la Consciencia.
Es por tanto una vía que no solamente acepta la energía sino que la empuja deliberadamente hacia su paroxismo, siendo todo su arte el de interrumpirla en seco en el momento oportuno y de dejarla entonces refluir de golpe hacia su centro, su germen, que se revela como fuente de paz suprema y de alegría infinita.

2.- La escuela Kaula.

Originaria de Assam, se podría remontar al siglo V. Primeramente extendida en el sur de la India, se propagó en Cachemira entre los siglos IX y X. El nombre significa en primer lugar gran familia, casta noble o clan y, por extensión, organización o cadena iniciática implicando la presencia real de la shakti. Como los «perfectos» (siddha) y los «héroes» (vira), los Kaula, miembros de círculos muy cerrados, deben dominar perfectamente sus sentidos y su pensamiento, haber superado todas las dudas y todos los miedos, poseer un corazón puro, libre de codicia y de apego, y haber recibido la iniciación de un gurú del mismo linaje. Solo en estas condiciones pueden entonces vivir, en un marco ritual y protegido, ciertas experiencias prohibidas o desaconsejadas a los hombres ordinarios (los pasu) dominados por la rutina y la codicia, y llegar a la Liberación incluso utilizando medios que son, para la mayor parte de nosotros, causa de degradación o de dependencia (según el proverbio tántrico de «transformar el veneno en remedio»). Se trata por lo tanto de un autentico yoga pero muy diferente del yoga clásico y, según sus adeptos, más completo, puesto que realiza la unión de los contrarios, espiritualizando el cuerpo y «corporeizando» el espíritu. «Se dice que el yogui no puede gozar del mundo y que aquel que goza del mundo no puede conocer el yoga: pero en la vía de los Kaula hay al mismo tiempo gozo (bhoga) y yoga» (Kulârnava-Tantra I,23). En el momento en el que efectúa la unión sexual, el yogui debe ser capaz de abstraerse del placer simplemente carnal para absorberse en la pura felicidad (ânanda) que es la naturaleza esencial del Ser. El uso lúcido del alcohol, el consumo de platos excitantes y la participación de la mujer iniciada no tienen otro objetivo que el de revelar y amplificar esta felicidad vibrante. Tales prácticas, para dar todo su fruto, deben de ser llevadas a cabo paralelamente con la ascensión de la kundalini. Dicho de otro modo, aquello que otros yoguis realizan sin la ayuda de una mujer exterior, por un proceso puramente endógeno, aquí es vivido en pareja, la Energía o kundalinî estando encarnada en la compañera femenina transubstanciada en «Diosa», mientras que el hombre, representante del polo Consciencia se identifica con Shiva.
Se puede ver el alto grado de interiorización, de preparación y de capacidad metafísica que este rito ( y en general toda la propuesta tántrica en la que el sexo solo ocupa una mínima parte) exige por ambas partes para no degenerar en parodia, como desgraciadamente estamos viendo hasta la saciedad en los medios pseudotántricos modernos que tanto se propagan por Occidente y en los que se pretende pasar por Tantrismo y por espiritualidad lo que no es más que, en el mejor de los casos, una terapia de dudoso resultado, cuando no hedonismo puro y simple, y que deja a las personas más enganchas si cabe a las formas en lugar de impulsarlas hacia las esencias.

3.- La Escuela Krama.

Corriente esotérica cercana a la anterior, aparece en Cachemira hacia finales del siglo VII bajo diversas apelaciones: Krama («progresión», alusión a su método gradualista, menos directo que el Kaula), Mahârthadarsana («doctrina del sentido absoluto»), Kâlînaya (a causa de su devoción a la diosa Kâlî), etc. Este movimiento atribuye una importancia especial a la transmisión iniciática a través de las mujeres. Se dice que uno de sus dos primeros maestros, Sivânanda, instruyó varias yoguinîs que a su vez formaron varios discípulos masculinos. En ciertos âgama de la escuela, es la Diosa la que prodiga la enseñanza respondiendo a las preguntas de Shiva, reducido al papel de discípulo. Todas las funciones (creación, conservación, disolución, estado inefable, libertad), todos los aspectos (consciencia, felicidad, voluntad, conocimiento, acción) que se refieren normalmente al dios, se ven transferidos a la Shakti. Llegando a ser ésta el Principio supremo, y sustituyendo a Shiva en tanto que fuente y fin de todas las cosas, es ella la que «vomita» el universo y lo «reabsorbe» al final de cada ciclo cósmico, es ella la que transforma la sucesión temporal dolorosa en Tiempo Absoluto, indiviso, inmutable.
Se encuentran por otra parte en esta escuela especulaciones grandiosas sobre el cosmos comparado a una rueda inmensa, homogénea y perfecta, cuyo núcleo es la Consciencia Divina. Corazón universal a partir del cual irradian innombrables energías. Esta rueda gira sin cesar pero tan rápido que parece inmóvil. Situado en el punto central, la pareja divina suscita y dirige el movimiento; la Diosa proyecta el universo (acción centrífuga) y Shiva lo reabsorbe (acción centrípeta). El yogui que llega al centro de la rueda, en el cual todas las energías se juntan en modo simultáneo, goza de una paz total al mismo tiempo que de una ebriedad maravillosa puesto que él puede ver en la periferia, sin estar afectado por ella, la ronda siempre renovada de las experiencias y de los fenómenos.
Como los Kaula, los iniciados del Krama se reunían secretamente en los «grandes banquetes» en los que practicaban la unión ritual. Pero al contrario de los métodos inspirados por el hatha-yoga y basados en el esfuerzo sistemático, ponían el acento en la espontaneidad, la verdad natural de cada individuo, la perfección innata que simplemente se trata de restaurar situándose en una corriente vibratoria propicia, una justa sinergia de los corazones: orientación no extraña a los adeptos del budismo tántrico (Vajrayâna) contemporáneo al que se llamaba sahajiyâ y del cual los herederos parciales han sido –no sin influencias vishnuitas y sufíes– los Bâules de Bengala.

4.- La Escuela del Reconocimiento (Pratyabhijñâ).

La cuarta escuela Shivaita de Cachemira, la más reciente, fue fundada a finales del siglo IX por Somânanda y sistematizada por su discípulo Utpaladeva. Muy elaborada y refinada en el plano metafísico y cosmológico, es por otra parte espontánea y directa en el único medio que preconiza para acceder a lo «sin-acceso»: el Reconocimiento (de ahí su nombre: Pratyabhijñâ); es decir, la toma de consciencia intuitiva, inmediata, desde el corazón, de la presencia de Shiva en nosotros y en el universo. Esta identificación del «yo» individual con el «YO» universal no requiere ningún esfuerzo, ningún proyecto, ninguna estrategia. Se expande por sí misma tan pronto como el pensamiento abandona sus construcciones artificiales. La iluminación no depende de un entrenamiento voluntarioso y progresivo, como en la mayor parte de los yogas, sino de una visión instantánea de la naturaleza real de no importa que objeto percibido. Por su simplicidad vertiginosa, esta «no-vía» (an-upâya) no deja de recordarnos al budismo Zen.

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