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El hinduismo no tiene un fundador, ni origen histórico conocido, ni iglesia, ni autoridad central… Son sus conceptos filosóficos, símbolos, mitos, tradición, practica espiritual y culto los que unen a sus seguidores y lo distinguen de cualquier otra fe o creencia.
La oración más destacada de toda la tradición shivaíta es el mantra OM NAMAH SHIVAYA, que significa “Adoración a Shiva”. Se le denomina el Mahamantra, es el nombre más sagrado de Shiva, tal y como se considera en los Agama – los textos principales del shivaismo.
Esta oración está dotada de un enorme poder a la hora de eliminar la ignorancia y hacer ver las verdades últimas de la tradición.
Es interesante destacar la elaboración de oraciones al dios hechas por filósofos y santos del shivaísmo, que mostraban así el aspecto devoto de sus creencias. El filósofo-reformador, santo y fundador de la escuela shivaita Advaita Vedanta Shankara compuso muchas de éstas oraciones. La que glosa el mantra “NAMAH SHIVAYA” es una de las más representativas.
“Me postro ante el término imperecedero “NA” de la oración al gran Maheshvara, aquél cuyo cuello sostiene a las serpientes, que tiene tres ojos, cuyo cuerpo está cubierto de cenizas y quien lleva el cielo como vestido.
Me postro ante el término imprecedero “MAH” de la oración al dios Shiva, el que cabalga en el toro Nandi, dios de las fuerzas de la destrucción, cuyo cuerpo se halla cubierto de pasta de sándalo y humedecido por las aguas del Ganges, aquél a quien se venera con flores de coral.
Me postro ante el término imprecedero “SHI” de la oración al dios de la garganta azul, el auspicioso, el sol verdadero que hace resplandecer el bello rostro de Parvati, el desctructor del sacrificio de Daksha, aquél que lleva al toro como símbolo y emblema.
Me postro ante el término imprecedero “VA” de la oración al dios Shiva, cuya frente ha sido objeto de la veneración de Vasishtha, Agastya, Gautama y otros sabios y dioses y cuyos ojos son la luna, el sol y el fuego.
Me postro ante el término imprecedero “YA” de la oración al gran dios, que ha tomado la forma de los seres divinos, el que tiene el pelo trenzado y porta el arco invencible, aquél que es el Hombre Primigenio.
Aquél que cante este himno de las cinco sílabas junto a una de las imágenes del dios, vivirá en la morada de Shiva y gozará eternamente de su compañía”.
La fórmula ON NAMAH SHIVAYA suele escribirse durante períodos de tiempo determinados (media hora), observando silencio y concentrandose en la deidad, lo que se supone que produce unos efectos meritorios inmediatos.
La repetición de este mantra puede hacerse en cualquier lengua.
Entre los siglos 8 y 9 la region de Kashmira (Cachemira, norte de la India) se convirtió en un foco filosófico de mucha importancia, con dos vertientes shivaítas: la monista y la dualista. La tradición dualista aceptaba la ortodoxia védica, mientras que la rama monista no lo hacia. Esta última dio lugar a lo que hoy se conoce como Shivaismo de Cachemira. No es un sistema de pensamiento homogéneo, sino que incluye multitud de corrientes y, pese a su nombre, no estuvo limitado a esa región.
El origen del sitema se halla en el Shivasutra, obra atribuida al maestro Vasugupta, que vivió entre los siglos 8 y 9, en Cachemira. Es un tratado de Yoga shivaita, con setenta y siete aforismos que, según la tradición, Vasugupta encontró tallados en una cueva en el monte Mahadeva.
En cuanto a la práctica, los shivaitas cachemiris rechazan los Vedas, por considerarlos superados. No hacen distinciones de sexo, casta ni siquiera creencia, pues consideran que cualquier forma de devoción es válida, siendo así una de las tradiciónes espirituales más abiertas que se conocen.
El Shivaismo tántrico de Cachemira merece un lugar aparte dentro del Shivaismo en general. Siendo tan decididamente no-dualista como el Vedanta Shankariano, lo iguala en la profundidad de sus puntos de vista, pero lo sobrepasa en la libertad de espíritu, proponiendo además métodos de yoga originales y a veces desconcertantes. Su nombre genérico es Trika, «tríada». Puede entenderse por ello las tres energías de Shiva: voluntad, conocimiento y actividad; o bien el propio Shiva, su Shakti y el individuo limitado; o bien el triple nivel de la experiencia psicológica: el sujeto conocedor, el conocimiento, y el objeto conocido; o también los tres caminos de retorno hacia lo Absoluto: la vía divina, la vía de la energía y la vía del individuo. 1.- La escuela Spanda o Trika.En el sentido estricto del término, aparece a comienzos del siglo IX. Se apoya esencialmente en los Shiva-Sûtra, 77 versos sánscritos considerados como revelados por el propio Shiva, y en el Spanda-Kârikâ. Al igual que todas las demás escuelas de Cachemira, está dominada por el impresionante genio de Abhinavagupta (950-1025 aprox.), autor de comentarios sobre los diversos sistemas shivaitas, de obras originales como el Tantrâloka (Luz de los Tantras), especie de enciclopedia de las doctrinas y procedimientos tántricos, y también de trabajos famosos sobre lengua y estética. 2.- La escuela Kaula.Originaria de Assam, se podría remontar al siglo V. Primeramente extendida en el sur de la India, se propagó en Cachemira entre los siglos IX y X. El nombre significa en primer lugar gran familia, casta noble o clan y, por extensión, organización o cadena iniciática implicando la presencia real de la shakti. Como los «perfectos» (siddha) y los «héroes» (vira), los Kaula, miembros de círculos muy cerrados, deben dominar perfectamente sus sentidos y su pensamiento, haber superado todas las dudas y todos los miedos, poseer un corazón puro, libre de codicia y de apego, y haber recibido la iniciación de un gurú del mismo linaje. Solo en estas condiciones pueden entonces vivir, en un marco ritual y protegido, ciertas experiencias prohibidas o desaconsejadas a los hombres ordinarios (los pasu) dominados por la rutina y la codicia, y llegar a la Liberación incluso utilizando medios que son, para la mayor parte de nosotros, causa de degradación o de dependencia (según el proverbio tántrico de «transformar el veneno en remedio»). Se trata por lo tanto de un autentico yoga pero muy diferente del yoga clásico y, según sus adeptos, más completo, puesto que realiza la unión de los contrarios, espiritualizando el cuerpo y «corporeizando» el espíritu. «Se dice que el yogui no puede gozar del mundo y que aquel que goza del mundo no puede conocer el yoga: pero en la vía de los Kaula hay al mismo tiempo gozo (bhoga) y yoga» (Kulârnava-Tantra I,23). En el momento en el que efectúa la unión sexual, el yogui debe ser capaz de abstraerse del placer simplemente carnal para absorberse en la pura felicidad (ânanda) que es la naturaleza esencial del Ser. El uso lúcido del alcohol, el consumo de platos excitantes y la participación de la mujer iniciada no tienen otro objetivo que el de revelar y amplificar esta felicidad vibrante. Tales prácticas, para dar todo su fruto, deben de ser llevadas a cabo paralelamente con la ascensión de la kundalini. Dicho de otro modo, aquello que otros yoguis realizan sin la ayuda de una mujer exterior, por un proceso puramente endógeno, aquí es vivido en pareja, la Energía o kundalinî estando encarnada en la compañera femenina transubstanciada en «Diosa», mientras que el hombre, representante del polo Consciencia se identifica con Shiva. 3.- La Escuela Krama.Corriente esotérica cercana a la anterior, aparece en Cachemira hacia finales del siglo VII bajo diversas apelaciones: Krama («progresión», alusión a su método gradualista, menos directo que el Kaula), Mahârthadarsana («doctrina del sentido absoluto»), Kâlînaya (a causa de su devoción a la diosa Kâlî), etc. Este movimiento atribuye una importancia especial a la transmisión iniciática a través de las mujeres. Se dice que uno de sus dos primeros maestros, Sivânanda, instruyó varias yoguinîs que a su vez formaron varios discípulos masculinos. En ciertos âgama de la escuela, es la Diosa la que prodiga la enseñanza respondiendo a las preguntas de Shiva, reducido al papel de discípulo. Todas las funciones (creación, conservación, disolución, estado inefable, libertad), todos los aspectos (consciencia, felicidad, voluntad, conocimiento, acción) que se refieren normalmente al dios, se ven transferidos a la Shakti. Llegando a ser ésta el Principio supremo, y sustituyendo a Shiva en tanto que fuente y fin de todas las cosas, es ella la que «vomita» el universo y lo «reabsorbe» al final de cada ciclo cósmico, es ella la que transforma la sucesión temporal dolorosa en Tiempo Absoluto, indiviso, inmutable. 4.- La Escuela del Reconocimiento (Pratyabhijñâ).La cuarta escuela Shivaita de Cachemira, la más reciente, fue fundada a finales del siglo IX por Somânanda y sistematizada por su discípulo Utpaladeva. Muy elaborada y refinada en el plano metafísico y cosmológico, es por otra parte espontánea y directa en el único medio que preconiza para acceder a lo «sin-acceso»: el Reconocimiento (de ahí su nombre: Pratyabhijñâ); es decir, la toma de consciencia intuitiva, inmediata, desde el corazón, de la presencia de Shiva en nosotros y en el universo. Esta identificación del «yo» individual con el «YO» universal no requiere ningún esfuerzo, ningún proyecto, ninguna estrategia. Se expande por sí misma tan pronto como el pensamiento abandona sus construcciones artificiales. La iluminación no depende de un entrenamiento voluntarioso y progresivo, como en la mayor parte de los yogas, sino de una visión instantánea de la naturaleza real de no importa que objeto percibido. Por su simplicidad vertiginosa, esta «no-vía» (an-upâya) no deja de recordarnos al budismo Zen. |
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